Ganó el fútbol. Ganó el fútbol y ganó el Barça. Ganó el que mereció ganar y no puede discutírsele la victoria a un equipo que ha pasado por encima del rival dominando por completo una eliminatoria de Semifinales de la Liga de Campeones que da el pase al FC Barcelona a la Final. Volvemos al inicio, al lugar en el que logramos nuestra primera Copa de Europa. Volvemos a Wembley.
El partido empezaba eléctrico con un Real Madrid que vino a jugar al fútbol. Esta vez sí, quisieron morder arriba y tocar el balón. Primeros minutos de alta intensidad, con los blancos - con Higuaín y Kaká en el equipo - impediendo que el Barça pudiese generar su juego con facilidad. Y es que aunque el Real Madrid no disparó a puerta, los primeros minutos no fueron cómodos para nadie. Sin embargo, a partir del minuto 20 empezó el rondo. Gigante, soberbio. Imposible para un Real Madrid que poco a poco retrocedía metros cediendo ante el dominio azulgrana.
La posesión era blaugrana, las ocasiones eran blaugranas. El Real Madrid generaba situaciones de peligro, pero no era capaz de disparar a portería rival. El Barcelona avasallaba la portería rival, sellada por un Santo beatificado: San Íker Casillas. Para muestra, un botón: del minuto 32 al minuto 37, 5 disparos del Barça contra la portería de un Casillas que las sacaba, desesperado, como podía. Llegábamos al descanso con el 0-0 en el marcador y una muy buena primera parte en la que vimos fútbol, fútbol y más fútbol.
La segunda parte empezaba con el Real Madrid apretando otra vez. Un gol les metía en la eliminatoria y lo buscaban sin cesar. El Real Madrid se quitó el complejo de encima y durante los 10 primeros minutos del segundo tiempo fueron un auténtico ciclón de fútbol, un muy buen equipo jugando muy bien el balón. Paradojas del fútbol, ironías del destino, cuando mejor estaba el Real Madrid y mejor presionaba la salida del cuero del rival, llegaba el gol. Made in Barça, señores. Piqué recibe cerca de la línea de fondo, presionado. La cedía en horizontal a Valdés, también presionado. Y Valdés, imprescindible en este equipo como el que más, daba una auténtica clase de pase en profundidad - que superaba llorando y por arriba a un jugador blanco - hacia la banda derecha, donde Alves recibía con espacio - y con espacio es un peligro. Cruzaba la línea de cal del centro del campo - mientras Iniesta visualizaba la jugada y Pedro el desmarque - y la dejaba a pies de Iniesta, en terreno de juego rival. Iniesta ya lo tenía todo en su cabeza: asistencia magistral en profundidad rompiendo la defensa para Pedro, que solo ante Casillas define al palo corto de la portería blanca. 1-0 y eliminatoria encarrilada.
Pero el Real Madrid jamás se rinde. Nunca jamás des por muerto a este grandísimo equipo, porque épica, garra, lucha y entrega nunca les falta. No se dan por vencidos. Y no se rindieron: volvieron a morder arriba como les marcaba el guión de la victoria y robaron en zona de creación a pérdida de Pedro. Balón a Di María, que dispara al palo. El destino se lo devuelve, y la cede atrás para un Marcelo que la mete en la escuadra. Golazo del Madrid y empate a 1.
No obstante, el equipo blanco estaba roto. Tenía que ir con todo con el 1-1, e iba con todo. Pero cuando el FC Barcelona se pone a jugar como sabe y a tocar el balón agigantando el campo - por si no es suficientemente grande el Camp Nou -, no hay equipo que pueda hacerle sombra. Ni uno se la ha hecho, y no iba a ser un día distinto en un partido tan trascendental. Y no lo fue. El Barcelona volvió a tocar el balón y a dormir el partido cuando éste lo requerió - de los pies de Xavi e Iniesta - y la entrada de Keita por Villa terminó de dar solidez a un centro del campo que controló el partido a la perfección hasta que el árbitro señaló el final del encuentro.
Pep Guardiola dijo una vez us en debem una, i aquests no fallen (os debemos una y estos no fallan). Fue tras la eliminación del FC Barcelona en manos del Internazionale de Milano de Mourinho en la que el equipo italiano nos apeó de la competición en Semifinales para acabar haciéndose con el título. Filósofo o no; profeta o no; meador de colonia o no, acertó. Nos la han devuelto, no nos han fallado. Se han levantado tras la derrota en la Copa del Rey y han vuelto al lugar que le pertenece, el Olimpo del fútbol. La tercera Final de la Liga de Campeones que disputa este equipo en cinco años. Como diría aquél, una puta barbaridad.
Gerard Caelles, Balón Raso.
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