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martes, 3 de mayo de 2011

Cuando se pusieron a jugar; FC Barcelona 1 - 1 Real Madrid

Ganó el fútbol. Ganó el fútbol y ganó el Barça. Ganó el que mereció ganar y no puede discutírsele la victoria a un equipo que ha pasado por encima del rival dominando por completo una eliminatoria de Semifinales de la Liga de Campeones que da el pase al FC Barcelona a la Final. Volvemos al inicio, al lugar en el que logramos nuestra primera Copa de Europa. Volvemos a Wembley.

El partido empezaba eléctrico con un Real Madrid que vino a jugar al fútbol. Esta vez sí, quisieron morder arriba y tocar el balón. Primeros minutos de alta intensidad, con los blancos - con Higuaín y Kaká en el equipo - impediendo que el Barça pudiese generar su juego con facilidad. Y es que aunque el Real Madrid no disparó a puerta, los primeros minutos no fueron cómodos para nadie. Sin embargo, a partir del minuto 20 empezó el rondo. Gigante, soberbio. Imposible para un Real Madrid que poco a poco retrocedía metros cediendo ante el dominio azulgrana.

La posesión era blaugrana, las ocasiones eran blaugranas. El Real Madrid generaba situaciones de peligro, pero no era capaz de disparar a portería rival. El Barcelona avasallaba la portería rival, sellada por un Santo beatificado: San Íker Casillas. Para muestra, un botón: del minuto 32 al minuto 37, 5 disparos del Barça contra la portería de un Casillas que las sacaba, desesperado, como podía. Llegábamos al descanso con el 0-0 en el marcador y una muy buena primera parte en la que vimos fútbol, fútbol y más fútbol.

La segunda parte empezaba con el Real Madrid apretando otra vez. Un gol les metía en la eliminatoria y lo buscaban sin cesar. El Real Madrid se quitó el complejo de encima y durante los 10 primeros minutos del segundo tiempo fueron un auténtico ciclón de fútbol, un muy buen equipo jugando muy bien el balón. Paradojas del fútbol, ironías del destino, cuando mejor estaba el Real Madrid y mejor presionaba la salida del cuero del rival, llegaba el gol. Made in Barça, señores. Piqué recibe cerca de la línea de fondo, presionado. La cedía en horizontal a Valdés, también presionado. Y Valdés, imprescindible en este equipo como el que más, daba una auténtica clase de pase en profundidad - que superaba llorando y por arriba a un jugador blanco - hacia la banda derecha, donde Alves recibía con espacio - y con espacio es un peligro. Cruzaba la línea de cal del centro del campo - mientras Iniesta visualizaba la jugada y Pedro el desmarque - y la dejaba a pies de Iniesta, en terreno de juego rival. Iniesta ya lo tenía todo en su cabeza: asistencia magistral en profundidad rompiendo la defensa para Pedro, que solo ante Casillas define al palo corto de la portería blanca. 1-0 y eliminatoria encarrilada.

Pero el Real Madrid jamás se rinde. Nunca jamás des por muerto a este grandísimo equipo, porque épica, garra, lucha y entrega nunca les falta. No se dan por vencidos. Y no se rindieron: volvieron a morder arriba como les marcaba el guión de la victoria y robaron en zona de creación a pérdida de Pedro. Balón a Di María, que dispara al palo. El destino se lo devuelve, y la cede atrás para un Marcelo que la mete en la escuadra. Golazo del Madrid y empate a 1. 

No obstante, el equipo blanco estaba roto. Tenía que ir con todo con el 1-1, e iba con todo. Pero cuando el FC Barcelona se pone a jugar como sabe y a tocar el balón agigantando el campo - por si no es suficientemente grande el Camp Nou -, no hay equipo que pueda hacerle sombra. Ni uno se la ha hecho, y no iba a ser un día distinto en un partido tan trascendental. Y no lo fue. El Barcelona volvió a tocar el balón y a dormir el partido cuando éste lo requerió - de los pies de Xavi e Iniesta - y la entrada de Keita por Villa terminó de dar solidez a un centro del campo que controló el partido a la perfección hasta que el árbitro señaló el final del encuentro.

Pep Guardiola dijo una vez us en debem una, i aquests no fallen (os debemos una y estos no fallan). Fue tras la eliminación del FC Barcelona en manos del Internazionale de Milano de Mourinho en la que el equipo italiano nos apeó de la competición en Semifinales para acabar haciéndose con el título. Filósofo o no; profeta o no; meador de colonia o no, acertó. Nos la han devuelto, no nos han fallado. Se han levantado tras la derrota en la Copa del Rey y han vuelto al lugar que le pertenece, el Olimpo del fútbol. La tercera Final de la Liga de Campeones que disputa este equipo en cinco años. Como diría aquél, una puta barbaridad.


Gerard Caelles, Balón Raso.

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miércoles, 27 de abril de 2011

Lloros de fútbol. Real Madrid 0 - 2 FC Barcelona

Os halagué. Quedé anonadado tras la Final de la Copa del Rey, en la que el Real Madrid hizo gala de un juego espectacular y, a mi modo de ver, brillante. Jugaron a fútbol. Nos miraron a los ojos, nos dijeron que podían y pudieron. Nos vencieron. Pero hoy, señores, hoy; hoy el Real Madrid ha vuelto a mirar al suelo. Ha bajado la mirada de inicio, ha entrado cabizbajo. Derrotado. Y es que hoy el Real Madrid ha jugado como un equipo pequeño.

El Barcelona ha empezado jugando a placer. El Real Madrid no mordía arriba, se replegaba en su terreno de juego 10 metros más atrasado que cómo lo hizo en la Final de la Copa. El Real Madrid criticado por el propio Alfredo Di Stéfano volvió a lucir camiseta en su estadio, delante de su afición; en el Santiago Bernabéu. Y el FC Barcelona castigaba una y otra vez moviendo el balón, quizás no con la fluidez a la que nos tienen acostumbrados, pero sí con la suficiencia. El rondo se apoderaba del Bernabéu, tembloroso ante lo que se podía avecinar. Temblores justificados.

Porque el Real Madrid no reaccionaba. La imagen más trascendental de los primeros 20 minutos quizás sea el bueno de Ronaldo (que ha mejorado su comportamiento de una forma meritoria y merece todos mis respetos) recriminando a sus jugadores la presión. No la había y así no se le puede jugar al Barça. Sin embargo, el rondo no era suficiente. El Barcelona sí generaba ocasiones de gol, pero ni claras ni suficientes. El Real Madrid tiraba de contraataques con un Di María que ha superado a Alves una y otra vez y de apariciones puntuales de un Ronaldo que se desesperaba. Terminaba la primera parte con 0-0.

En la segunda parte los blancos se armaban. Cuchillo en boca, salieron a presionar la salida del balón del FC Barcelona, con problemas en el inicio. Pero a poco que pasaron los minutos, que Busquets dejó de cometer errores (mal en líneas generales durante el partido) y que Xavi se hacía con el control del balón, el rondo se agigantaba. Más y más grande. Infinito para el Real Madrid, que se perdía en su estadio tras la expulsión de Pepe: entrada a la altura de la tibia propia de una naranja. La expulsión es rigurosa. Y no quiero justificarla, porque no entraré a juzgarlo; pero Pepe lo merece. Porque no puedes jugar así al fútbol.

La expulsión de Pepe exageró aún más las diferencias. El Barcelona ahora tocaba y tocaba a placer. Jugaba su fútbol y como una apisonadora pasaba por encima de un Real Madrid superado, que veía como en una internada de Afellay, que había entrado por Pedro, Messi subía el 0-1 al marcador. El Bernabéu enmudecía y la culerada se volvía loca. No yo; el Real Madrid ya nos castigó en la Liga. Había que ser prudentes, y el Barça lo fue. Habían aprendido la lección. No podíamos especular. No íbamos a quedarnos tocando el balón en nuestro campo sin darle profundidad. No íbamos a permitírnoslo y el equipo nos quería dar una respuesta. Aquests no fallen, dijo Pep un día. He aquí la respuesta; he aquí su respuesta.

Porque no nos han fallado. Un Messi soberbio, sublime, superlativo y superior la cogía en el centro del campo, en terreno de juego rival. El balón estaba en sus pies. Era la hora. Su hora. El momento que había estado esperando toda la vida. Ni un sólo gol había marcado con Pep en las Semifinales disputadas hasta ahora. Ya llevaba uno. ¿Por qué no dos? Mira al frente. Alonso, Lass, Ramos, Albiol. Le siguen con la mirada, no pueden con las piernas. Se planta en la frontal con una marabunta de jugadores blancos detrás suyo. Pánico en el Bernabéu. Messi para el tiempo y congela al mundo entero con un sutil toque adelantado para entrar en el área de Casillas. Dos blancos más le siguen, le presionan. Pero a él le da igual; él es el mejor y no iba a dejar de serlo en el momento más importante de su carrera. Levanta la cabeza y mira a los ojos a Casillas. Vigila tu palo largo, Íker, le dice con picardía. Demasiado tarde. El balón, llorando, se cuela en las mallas de la portería. Messi se vuelve loco. Puyol se vuelve loco. Pep se vuelve loco. Los barcelonistas se vuelven locos. Yo me vuelvo loco. Entro en trance. Me brotan las lágrimas; lloro. Lloro de alegría, de felicidad. Lloro de fútbol.




Gerard Caelles, Balón Raso.


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martes, 26 de abril de 2011

La Batalla de las Termópilas

La Batalla de las Termópilas, dada durante el año 480 a.C. entre las tropas griegas lideradas por Esparta (unos 7.000 hombres) y el Imperio persa de Jerjes I (unos 300.000), es uno de los ejemplos que mejor dan a entender que las victorias atienden más a la razón y al pensamiento que a cualquier otro factor que pueda influir en ellas. La estrategia y el control de la situación mediante la reflexión por encima de la fuerza bruta puramente física y desproporcionada. Librada la batalla en las Termópilas y no en campo abierto, es decir, donde Esparta tenía alguna posibilidad de cumplir con su objetivo, el potencial ofensivo de Jerjes se veía mermado debido a la topografía del terreno: Esparta resistió para asestar el golpe definitivo en la batalla de Platea, que puso fin a la invasión persa.

Pep Guardiola no ha sabido librar su propia Batalla de las Termópilas: no se ha dado el tiempo necesario para la reflexión. Ha caído en el uso de la fuerza bruta irracional y desproporcionada, y eso le ha llevado al error. Se ha equivocado. Y es que Mourinho se sabe superior en el entorno mediático (como Jerjes en el numérico), que controla, y su constante presión ha tenido el efecto deseado: el ataque frontal de Pep. Por un perro que maté mataperros me llamaron, que dice el refranero popular. Y es que no vamos a equivocarnos nosotros: la máscara que muchos le presuponen a Guardiola no ha caído porque no existe; nada que ver tienen las constantes referencias de Mourinho a las actuaciones arbitrales (él lo tacha de incapacidad para controlar la frustración, que de ser cierto sólo puede llevarme a la conclusión que vive frustrado, pues sus quejas son continuas) con las puntuales referencias de Pep Guardiola, pero esta diferencia no quita para considerar el error cometido.

La primera batalla, la de las Termópilas, la mediática, tiene vencedor. Jerjes fue incapaz de arrastrar a los espartanos a luchar a campo abierto, porque los espartanos sabían que, de hacerlo, no iban  a tener ninguna posibilidad. Mourinho, en cambio, ha sido capaz de hacer entrar a Pep en la batalla mediática, donde el catalán no ha tenido opción alguna. Ha caído a las primeras de cambio. Pero la guerra aún no ha terminado. Del mismo modo que Esparta y Jerjes tuvieron que verse las caras en la Batalla de Platea, Pep Guardiola y José Mourinho tendrán que vérselas en el terreno de juego.




Gerard Caelles, Balón Raso.


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jueves, 21 de abril de 2011

Vivir luchando; Morir matando.

Morir matando. Así es como ha perdido el FC Barcelona esta noche ante un grandísimo rival, el Real Madrid. Es ahora, cuando tu equipo ha perdido, cuando uno debe demostrar, ante todo, que es un buen deportista. Que sabe reconocer a su equipo en la victoria, como también en la derrota, pero que también sabe reconocerle el mérito al rival que te ha vencido. Y justamente. Así que, madridistas, muchísimas felicidades. Disfrutad del título; lo merecéis. 

Primera parte del Real Madrid. No hay discusión alguna. El dispositivo táctico de Mourinho, similar en filosofía al que impuso en la ida de las Semifinales de la Liga de Campeones 2009-2010 en el Giuseppe Meazza con el Internazionale, ha sido muy bueno en los primeros 45 minutos. Tan bueno, que el Barça no sabía qué hacer con el balón. A diferencia del partido de Liga, los errores cometidos por los azulgrana no han sido gratuitos, sino debidos al buen posicionamiento táctico de los blancos, que han sabido anular el juego asociativo y horizontal de un equipo cuyas líneas estaban demasiado separadas: si normalmente juega en 30 o 40 metros de terreno de juego, la primera parte lo hizo en 50-60 metros. El Real Madrid jugó a las mil maravillas, y no lo hizo encerrado con dos líneas de 4 en su área; robaba en zona de creación y, hoy sí, podía salir al contraataque mediante Özil y las dos flechas blancas: Ronaldo y Di María. De hecho, pudo meter tres goles el Real Madrid: dos por parte de Ronaldo, en las que está demasiado lento, y uno por parte de Pepe, cuyo magnífico remate de cabeza toca en el poste, a la altura de la escuadra.

El partido, sin embargo, no iba a seguir así. El FC Barcelona retomó el control de la situación en la segunda parte y empezó a jugar como sabe: asociándose en horizontal, buscando la profundidad en vertical. Los segundos 45' fueron de un dominio apabullante y abrumador de un FC Barcelona que tocaba y tocaba con sentido, encontrando huecos en la telaraña que Mourinho había diseñado y que poco a poco iba cediendo ante la presión constante de los 11 azulgrana que había sobre el campo. Pero la suerte no siempre te sonríe, aún cuando tiene ocasiones para hacerlo. Y es que si por algo es bonito el fútbol es por la magia que atesora: parece mentira, pero si no marcas, no ganas. Y marcar fue, precisamente, lo que le faltó en esta segunda parte al FC Barcelona, que no logró materializar ninguna ocasión.

Nos íbamos a la prórroga. El cansancio en los jugadores del Real Madrid era palpable, probablemente físicamente más tocados que los jugadores del FC Barcelona. Pero señores, Xavi también estaba cansado. Y este pequeño grandísimo jugador, que merece no una, sino mil ovaciones cada vez que pisa el balón por la cátedra que sienta en cada uno de sus giros, hace lo que nunca hace: perder un balón. ¡Xavi!, grito. Demasiado tarde. El balón le llega a Di María tras una pared con Marcelo. El argentino, con un gran partido en sus espaldas, centra. Balón al área. Y ahí está el bicho, Cristiano Ronaldo. Iba a perdonar una ocasión. Hasta dos. Pero no la tercera: cabezazo certero y el 0-1 sube al marcador. El barcelonismo se echaba las manos a la cabeza, no creyendo lo que veían sus ojos; el madridismo, exultante, celebraba un gol que les llevaba en volandas a la conquista de la Copa del Rey ante el eterno rival. Merecidamente, el Real Madrid se alzaba con el título.

Es duro ser aficionado del equipo que pierde en estos momentos. Pero también es bonito, porque se es en la victoria y en la derrota - como si de un matrimonio se tratara. Se era cuando el Barcelona ganó el Triplete y se es cuando el Barcelona pierde ante el Real Madrid un título que queríamos en nuestras manos. Pero pese a todo, hoy he vibrado con mi equipo, al que he visto caer. Porque hemos caído, pero con la cabeza muy alta. Siendo fieles a un estilo y a una filosofía que, otra vez como si de un matrimonio se tratara, hay que defender a las duras y a las maduras. Y hoy que se ha perdido, hay que estar más que nunca con un equipo que nunca nos ha abandonado, al que no abandonaremos nosotros ahora. Un equipo que merece, más que nunca, el cariño de la afición. Hoy toca decir, a mucha honra, ¡Visca el Barça!


Gerard Caelles, Balón Raso.


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martes, 19 de abril de 2011

Mañana nos vamos de copas.

A medida que pasan los días, nervios a flor de piel. Tensión palpable en el ambiente. No es para menos: se jugó el primer partido en el que todos ganaron, pero mañana se juega un partido en el que sólo habrá un vencedor. La Final de la Copa del Rey ya ha llegado y promete ser dramática.

Desde el punto de vista futbolístico, no se esperan grandes cambios aunque sí detalles sustanciales que podrán decantar el partido hacia uno u otro lado. El fondo del partido será el mismo que el del anterior: el FC Barcelona buscará jugar el balón horizontalmente para generar espacios en la basculación del rival, mientras que el Real Madrid intentará cortar la telaraña culé, siempre conservando su posicionamiento táctico, imprescindible para evitar males mayores.

Durante el Real Madrid 1 - 1 FC Barcelona, el Real Madrid salió con un trivote formado por Pepe - Khedira - Alonso y con Di María - Benzemá - Ronaldo de tripleta atacante. Como comenté, un equipo roto en el que Alonso nunca fue suficiente para la transición. El FC Barcelona, por su parte, formó con el clásico 4-3-3 con muy pocas o cero variaciones en la formación, sin querer sorprender al rival. El partido de mañana, sin embargo, intuyo no será igual, para nada, en ese sentido.

El Real Madrid acude con la baja obligada de Albiol. Y con el pensar que en la ida Benzemá estuvo muy desaparecido, porque nunca pudo codearse con Puyol y Piqué. El equipo roto no le funcionó, y creo que introducirá una pequeña pero destacada sustitución: Özil por el francés. Pierde la referencia ofensiva, pero gana el eje ejecutor de su juego: el contraataque. Atrás, muchas opciones: si Lass llega a tiempo, quizás Pepe retrase su posición para formar junto a Carvalho. También puede suceder que Ramos se vaya al centro, Pepe siga en la medular y Arbeloa actúe como lateral derecho, con Marcelo por la izquierda. Pero en líneas generales, veremos a un Madrid que será mucho más efectivo en el contraataque tras el robo. 

---------------- Casillas ---------------
Arbeloa - Ramos - Carvalho - Marcelo
----------- Khedira -- Pepe -----------
---------------- Alonso ---------------
----------------- Özil -----------------
Di María ---------------------- Ronaldo

El FC Barcelona llega, otra vez, con la duda de Puyol. Con título de por medio, muy probablemente formará en la zaga junto a Piqué. No habrá muchos cambios en el 11 inicial del FC Barcelona, aunque Pinto jugará. Por su parte, dudo que Pep encuentre un hueco para Mascherano, pues Busquets sigue siendo mejor a nivel creativo y será necesario para imprimirle velocidad al cuero. Sin embargo, sí creo que veremos ciertas modificaciones en la alineación que no vimos en la ida: empezará con el 4-3-3 para transformarlo en un 3-5-2 cuando el equipo ataque y volver al 4-3-3 cuando defienda. 

------------------ Pinto ----------------
----- Piqué --- Busquets --- Puyol -----
Alves -------------------------- Adriano
------------- Xavi --- Iniesta -----------
----------------- Messi -----------------
Pedro ----------------------------- Villa

Pero no dejan de ser palabras vacías. Elucubraciones que pueden no tener nada que ver con lo que se verá mañana en el terreno de juego. Simples aproximaciones que pretenden acercarnos un poco más a aquello que quizás, y sólo quizás, veremos mañana. Pero todo incierto. La única certeza es que mañana, en la medianoche, unos habrán ganado y otros habrán perdido. Así que, ante todo, seamos responsables. Aceptemos la victoria y/o la derrota. No caigamos en la facilidad de acusar a otros, al resto de nuestros males y demos la mano como buenos deportistas al vencedor de una Final que, gane quien la gane, tendrá un digno y merecido vencedor. Que se hable de fútbol la mañana del jueves será la mejor de las noticias. Y aún quedarán dos más.


Gerard Caelles, Balón Raso.


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domingo, 17 de abril de 2011

Real Madrid 1 - 1 FC Barcelona.

Primer partido, y nadie golpea primero. El primero de los clásicos se ha presentado como un partido esperado: el Barça salía a dominar el balón y el Real Madrid a esperar en su campo, pero sin encerrarse, para salir al contraataque. 

Me ha sorprendido la alineación de Pepe en la medular. Me equivoqué: ha sido el mejor del Real Madrid y ha sido capaz de contener en gran parte el juego horizontal del FC Barcelona. En contra, la amarilla que ha merecido le habría condicionado la forma de jugar, tosca. Y la alineación del Real Madrid también sorprendía: Özil se quedaba en el banquillo. Declaración de intenciones de Mourinho: el equipo iba a jugar roto, eso es, al pelotazo; no había más opción. El FC Barcelona sorprendía con Puyol pero formaba con el clásico 4-3-3. Querían el balón.

El partido se resume de la siguiente forma: la primera parte culé, la segunda parte madridista. Toda la primera parte fue el Barcelona el que llevó la iniciativa, aunque la llevara mal. Los primeros 45 minutos el dominio fue claro, pero infructuoso. Los blancos esperaban y se aprovechaban de los errores en la creación (hoy Busquets estuvo espeso). En la segunda parte, albiolada: penalty, expulsión (clara) y gol de Messi. 0-1 y nervios en el Bernabéu. Pero cuando más tenía que tener el balón el FC Barcelona, menos lo tuvo: un Real Madrid con 10 empezó a generar todo el peligro que no había generado con 11, y empezaba a creerse la posibilidad de empatar el partido.

La clave fue la entrada de Özil por Benzemá: el Real Madrid nunca había necesitado una referencia (Benzemá estuvo desaparecido) y, en cambio, sí necesitaba alguien que aportara la profundidad que Alonso, desde su propio campo, no podía. Muy merecidamente, el Real Madrid marcaba el gol del empate a falta de 8 minutos para el final en un penalty cometido por Alves. Y Muñiz Fernández, desafortunado en líneas generales a lo largo del partido, pitaba el final de un encuentro que terminaba en empate a 1.

El Real Madrid por fin consigue romper la dinámica ganadora del FC Barcelona en los clásicos y puede suponer un golpe moral para el equipo. Por otro lado, sigue a 8 puntos, que son muchos, y el average en contra. El FC Barcelona, por su parte, consigue 1 punto valioso de un campo complicado tras no haber hecho un buen partido, y mantiene la distancia con el eterno rival. El Real Madrid, no obstante, no ha podido (jugaba en casa y con la necesidad de ganar) contra un Barcelona que hoy ha jugado mal (me recordó al 0-2 del Bernabéu la temporada pasada), y que muy posiblemente no jugará mal los 3 partidos que les restan. 

PD1. Inteligente decisión (y legítima) la de dejar crecer la hierba. 
PD2. El pelotazo de Messi es completamente innecesario.
PD3. Paradójico que Pepe cuestione el estado mental de un jugador.
PD4. ¿Árbitros? Se gane, se pierda o se empate, nunca debe recurrir uno a los árbitros para justificar un resultado. Hoy no creo que hablen de Villarato.


Gerard Caelles, Balón Raso.


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viernes, 15 de abril de 2011

La clave no es Messi.

Viernes, 15 de Abril. 18.46 horas. Quedan 27 horas y 14 minutos para que dé comienzo el primer clásico de los cuatro que nos esperan en estas poco más de 2 semanas de fútbol. El clásico de las importancias relativas, el muy importante a la vez que poco trascendente. Y es que nadie se pone de acuerdo, pero lo que está claro es que un profesional nunca tira partidos. Y José Mourinho y Pep Guardiola son, ante todo, profesionales.

Profesionales que saben de fútbol, un deporte de equipo. Estos días asistiremos, probablemente, a la constante de ¿cómo parar a Messi? que siempre se pronuncia antes de partidos de tal calibre. Se habló de la posibilidad de que jugara Pepe como pivote actuando como perro de presa del argentino. Nada más lejos de la realidad: Mourinho no dispondrá a un jugador a perseguir durante todo el partido al astro argentino, porque esa no es la solución. Porque, al fin y al cabo, no se puede cubrir a Messi. A día de hoy se le ve tanto de interior, como de mediapunta, como de extremo, como de punta referencia. Y ante tal movilidad es imposible asignarle una marca individual:  pierdes a un jugador y no te aseguras de que el rival pierda al suyo (Messi). Y si no lo pierde, ya estás en inferioridad.

Las claves de este tipo de encuentros, dicen, se encuentran en los pequeños detalles. Sin embargo, los pequeños detalles no sólo (permítame, querida RAE) son las individualidades, que en ciertos momentos pueden ser decisivas, sino el equipo; el conjunto: la presión del equipo, la basculación del equipo, las coberturas del equipo. Si uno falla, el engranaje no funciona; pero que uno acierte no garantiza que lo hagan todos. Y para ganar todos deben acertar. Hay muchas formas de jugar al fútbol y, por tanto, muchas formas de parar a los azulgrana. Una vez más, la clave será lo que ambos equipos harán tanto con el balón como sin él.

En la ida, el Real Madrid no salió a jugar abiertamente al fútbol. No fue esa mi impresión, porque de querer haberlo hecho habrían empezado por presionar arriba, cosa que no hicieron: si no robas el balón no puedes jugarlo, y no lo robas si no presionas - así que no esperes jugar el balón sin presionar. El gran problema que tuvo el Real Madrid fue que el FC Barcelona no cometió un sólo error en la transición. Ni uno. Nunca había visto un partido tan perfecto de los azulgrana, y fue esa perfección la que imposibilitó a los blancos: si no se pierden balones en la zona de creación y éstos están constantemente en pies de Xavi e Iniesta, el Real Madrid no sale al contraataque. Y si no sale al contraataque y no tiene el balón, sólo puede hacer una cosa: defenderse. Y, claro, sólo defendiéndote es difícil marcar goles. 

Pero la perfección no es común. El Barça cometerá errores, y el Real Madrid deberá aprovecharlos. Porque, como todos damos por supuesto, Xavi e Iniesta tendrán el balón. Será el FC Barcelona el que lleve la iniciativa y domine la posesión, ante lo que se pueden hacer fundamentalmente tres cosas. 

La primera, salir a presionar y a morder arriba. Lo hizo el Almería en el partido que se disputó en el Camp Nou esta temporada, y todos los goles del FC Barcelona llegaron tras superar la presión adelantada, casi al contraataque. A los 30 minutos el partido estaba finiquitado y el Almería muerto por el esfuerzo. 

La segunda, encerrarse atrás. Le sirvió al Internazionale de Milano del propio Mourinho en las Semifinales de la Liga de Campeones 2009 - 2010, aunque para perder por 1-0. El entramado defensivo fue tácticamente brillante. A mí me gustó apreciar tal perfección defensiva, aunque me desesperó por ser culé. No obstante, de estos partidos el FC Barcelona gana 99 de cada 100 (el perdido, contra el Rubin Kazan en el Camp Nou) porque al final la pelotita acaba entrando. 

La tercera, el juego posicional. Jugar en tu campo pero sin defender en tu área; presionar en la creación pero sin morder al portero. Lo que hizo el Internazionale de Mourinho en el Giuseppe Meazza (3-1), el Hércules en el Camp Nou (0-2), el Valencia en Mestalla (0-1) o el Villarreal en El Madrigal (0-1), aunque todos lo hicieran a su modo. Les funcionó, o al menos pudieron evitar la avalancha de juego que suele desplegar el equipo de Pep Guardiola.

Mourinho y Pep Guardiola son más que conscientes de cuál es la situación. Ambos saben perfectamente cómo deben jugar para hacerle daño al rival: son dos de los mejores entrenadores del planeta, con el permiso de otros grandes como Sir Alex Ferguson. Pero ellos no juegan, ellos sólo planean, sólo explican, sólo transmiten. Aunque no sea poco y sea muy influyente, el que sea decisivo lo marcan los jugadores. Si éstos son capaces de entender qué quiere el entrenador, ganarán. Sólo, y sólo si el conjunto es capaz de interpretar a la perfección aquello que su entrenador tiene en la cabeza, vencerán. Ronaldo y Messi, Messi y Ronaldo; ellos son decisivos, pero nunca son la clave. Porque la clave son los veintidós.


Gerard Caelles, Balón Raso.


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sábado, 2 de abril de 2011

Ironías del destino.

El día 2 de Abril de 2011 el destino le tenía preparado un amargo final a José Mourinho. A las 18 horas de la tarde del sábado se enfrentaban en el Santiago Bernabéu el Real Madrid y el Sporting de Gijón. Un partido sin mucha relevancia teórica a juzgar por los hechos y por las estadísticas: el 2º clasificado de la Liga con 73 puntos contra el 15º clasificado con 32 puntos; Mourinho, ganador de todo lo habido y por haber, contra Preciado, humilde entrenador querido por el pueblo; el Real Madrid, con 14 victorias en 14 partidos jugados en casa a una media de más de 3 goles a favor y de menos de 0,5 en contra por partido, contra el Sporting de Gijón, con 9 puntos de 42 posibles fuera de casa. David contra Goliath. El Sporting contra el Madrid.

Pero vaya si ha terminado siendo relevante. Y nadie lo esperaba. Quizás por eso sea tan bonito el fútbol: porque las estadísticas siempre se acaban rompiendo. Y esta tarde iban a romperse con una victoria del Sporting de Gijón en el feudo madridista que deja muy tocados a los blancos de cara a la disputa del título liguero, a la espera del resultado que ofrezca el partido que enfrentará al Villarreal contra el FC Barcelona. El Real Madrid, con numerosas bajas (Alonso, Ronaldo y Benzemá), ha sido un quiero y no puedo. Ha dominado el partido pero no ha aprovechado las ocasiones, y el Sporting ha marcado en el único disparo entre los tres palos que había hecho hasta el momento. 0-1 y los nervios se apoderaban de un Bernabéu atemorizado. Los blancos se abalanzaron sobre la portería rival cuál avalancha, pero esta vez no fue suficiente. Esta vez iban a perder el partido, y ni la épica ni Juanito iban a poder hacer nada para evitarlo. 

¿Recuerdan estas declaraciones?


Se avecinaba tormenta, tempestad. Declaraciones cruzadas, palabrería. Mourinho en su terreno preferido, el de la provocación y las ruedas de prensa. Se cruzaron en la jornada 11 en el Molinón, partido en el que venció el Real Madrid de Mourinho por 0-1. Nadie pensaba que esta tarda iba a sonar la campana de tal modo habiendo perdido la oportunidad de vencer en su casa. Absolutamente nadie creía que el Real Madrid fuese a perder, ni siquiera empatar, un partido en casa jugándose la Liga. Y mucho menos con Mourinho como entrenador; llevaba 9 años sin conocer la derrota en casa habiendo pasado por el Oporto, el Chelsea, el Internazionale de Milano y el Real Madrid ahora. Pero hoy era el día. Hoy, Manolo Preciado iba a romper la racha de 150 partidos sin perder en casa de José Mourinho.

Y es que si algún entrenador de todos los habidos y por haber en el mundo del fútbol merece tal alegría, ese no es otro que Manolo Preciado. Se puede dudar de muchas cosas, pero no de la profesionalidad de un señor que lleva años entrenando en el fútbol español; de un señor que siempre ha dejado huella allá donde ha ido; de un señor que si hay algo que nunca va a hacer es no darlo todo para ganar un partido. Ironías del destino, el que otrora fuese criticado por Mourinho le ha dedicado hoy su triunfo más dulce. Manolo Preciado ha puesto la cabeza de Mourinho a disposición del eterno rival de los blancos, el FC Barcelona. Y ha sido él y no otro el que le ha dado la lección de humildad a un grandísimo entrenador, pero a un mal deportista - por maleducado, entre otras cosas. Ya lo dice el refranero español: a cada cerdo le llega su San Martín. Y hoy, señores; hoy era el día de Mourinho.




Gerard Caelles, Balón Raso.


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martes, 18 de enero de 2011

La involución del más grande.

Quién les iba a decir que a principios del 2011 las cosas iban a estar tan revueltas en Concha Espina. El Real Madrid fue sin duda alguna, y durante muchísimos años, una referencia futbolística a nivel europeo y mundial, el equipo que solía comerse él solo todo el pastel de los títulos. Y así siguió la dinámica de los títulos hasta, aproximadamente, hace 7 años. A partir de la temporada 2003-2004, las cosas iban a cambiar, y mucho, en el seno de la institución madridista.

El año 2003, y tras 2 Ligas de Campeones, 2 Ligas, 1 Supercopa de España, 1 Supercopa de Europa y 1 Copa Intercontinental (7 títulos en 4 años), destituye el señor Florentino Pérez a Don Vicente del Bosque como entrenador. Tras esta destitución a todas luces irracional y masoquista, 10 entrenadores en 8 años: Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro, Capello, Schuster, Juande Ramos, Manuel Pellegrini y Mourinho.

El penúltimo, el señor Manuel Pellegrini. Un virtuoso de esto del fútbol, un grandísimo entrenador avalado por sus méritos en el Villarreal, equipo al que llevó a las Semifinales de la Champions League practicando un fútbol ejemplar. Pero Pellegrini no solo era un buenísimo entrenador, pues encarnaba los valores de la humildad, la modestia, la educación, el respeto, el buen hacer y, sobre todo, el señorío. Un hombre de los pies a la cabeza, un deportista que sabía ganar y que sabía perder y que fue destituido por no cumplir con el "haremos en un año lo que tendríamos que hacer en tres" del señor Presidente. Probablemente pesó mucho la eliminación copera (en la que pienso que Pellegrini tiene poca culpa, porque contra un 2ª B, y con todos los respetos al Alcorcón, los jugadores tienen que ganar sí o sí) y la eliminación ante el Lyon en la Champions, por sexta vez consecutiva. Porque en Liga lo bordó, y lo único que evitó que se llevara el título fue un FC Barcelona superlativo y excepcional.

El caso es que se fue como llegó: como un señor. Ni una palabra más alta que la otra, aceptó y acató la decisión y se marchó de un club que no le merecía. El madridismo se dividía entre los partidarios de "El Ingeniero" y los detractores del mismo (fundamentalmente el "señor" Inda, director del "periódico" deportivo MARCA), y se contrataba a un entrenador de un perfil completamente distinto: José Mourinho, el "anti Barça". Si Pellegrini representaba la educación y el señorío de un club que podría haberse reencontrado con los valores inculcados por Don Santiago Bernabéu, Mourinho representaba la irrespetuosidad y la mala educación. El "el fin justifica los medios" con tal de ganar. Ganar, ganar y ganar. Ese fue el único objetivo que llevó al Presidente a contratar a Mourinho, un ganador nato.

Y aún no sabemos si ganará o no títulos, pero que este entrenador no representa los valores de un club tan grande como el Real Madrid es evidente. Al himno me remito: "va el Madrid con su bandera, limpia y blanca que no empaña", "Noble y bélico adalid, caballero del honor", "Enemigo en la contienda, cuando pierde da la mano sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano". Respeto, educación, señorío, buen hacer, nobleza, humildad y saber perder, conceptos que decidieron rechazar al destituir a Pellegrini y contratar a Mourinho. Y todo para que tras el empate a 1 en Almería (y el 5-0 en el Camp Nou, que hizo muchísimo daño), el mejor equipo del siglo XX vuelva a ser un circo de los jamás vistos. Cuánto daño ha hecho Florentino al madridismo, y cuánto daño le queda por hacer.

Dios no quiera que Don Santiago levante la cabeza...


Gerard Caelles, Balón Raso.


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